VIOLENCIA ACÚSTICA - la mala educación del siglo xxi

Hace tiempo que decidí que no servía para conducir. No quiero sacarme el carné de conducir JAMÁS. 

No quiero ni pensar cómo sería verme envuelta entre el tráfico de Barcelona o de cualquier otro lugar. 

Yo no tengo carácter para la jungla —he pensado siempre—, por eso siempre he preferido el transporte público para moverme por Barcelona y por cualquier otro lugar. Me parecía un lugar ideal para pasar tranquilamente el tiempo de trayecto hasta el trabajo: un buen libro siempre me acompaña en estos viajes diarios. He leído mucho en el metro. Mucho. Era feliz yendo a trabajar en metro y me daban igual los cuatro viajes porque eran dos horas de mi vida en las que estaba sola, disfrutando de mi tiempo, de mis libros, de mi misma. 

Bien, todo bien hasta que llegó Instagram, Faceboock, Tik-Tok y la MALA EDUCACIÓN. 

Porque antes también escuchábamos música en el metro. Teníamos todos un MP3 con nuestras listas y tan a gusto todos. Pero ahora tenemos estas nuevas plataformas que escupen videos a tutiplén con unas músicas horrendas tipo reguetón mezclado con dance electrónico que cambian a razón de un simple movimiento de dedo por la pantalla. 

Y si todo el mundo llevara puestos los auriculares —que ahora los hay sin cables, señores—, no me importaría nada, pero resulta que no, que no nos hacen falta auriculares porque nos importa un pimiento que los demás escuchen estos mini videos con mini secuencias de músicas tan dispares como horrorosas.  

Y si eso no fuera suficiente, al estallido de violencia acústica a la que estoy sometida todos los días, se le añaden las llamadas telefónicas, las videollamadas, las conversaciones animadas de la gente (que faltaría más) pero que si tienen que oírse a través de los maleducados que no se ponen auriculares, y toda la música dispar acumulada... figúrense a cómo tenemos que hablar de alto para que se nos oiga, ahora además con mascarilla. 

En definitiva: LA JAULA DE LOS LOCOS.  

Y ¿por qué ocurre esto?

No me queda otra que decir que ya no hay educación en ningún lado. Nos hemos vuelto egoístas. Despreciamos al prójimo y solo pensamos en nuestro bienestar. 

Lo que me hace reflexionar que si algún  día decidí no conducir por miedo a la jungla del tráfico, ahora me veo envuelta en la jungla del transporte público. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

S.O.S - BUSCO OPINIONES :)

DIA DE SANT JORDI: LIBROS, ROSAS, SONRISAS...

REGRESAR CON UN GRADO SUPERIOR Y CON NOTA.... ¡OLE YO!